10 de agosto de 2017

PREPARACIÓN A LA FIESTA DE SANTA CLARA DE ASÍS (II)

ADORACIÓN SILENCIOSA, COMUNIÓN PROFUNDA

Clara adoraba en espíritu al que comparte con la tierra las riquezas infinitas del cielo y se digna velarse bajo tan frágiles apariencias. Pensaba en Cristo que tiene sed de darse y en los hombres hambrientos que corren hacia tantos bienes caducos, perecederos. ¡Él que es la vida! ¡Y el hombre que enferma por falta de alimento! ¡En él, el «autor de la salvación y de todos los bienes deseables»! ¡Y en el hombre que no osa ya esperar la dicha! Clara lloraba con frecuencia sobre sus bordados porque "el Amor no es amado", como hiciera también san Francisco.

Comulgaba con frecuencia, en nombre de todos los hombres, sus hermanos, en el «tesoro», del que se sabe indigna. Lo que dice de la habitación de Dios en el alma del creyente, del que hace su morada, ¡cómo lo viviría intensamente en la comunión con el cuerpo eucarístico de Cristo!: «La gloriosa Virgen de las vírgenes lo llevó materialmente: tú, siguiendo sus huellas, principalmente las de la humildad y la pobreza, puedes llevarlo espiritualmente, fuera de toda duda, en tu cuerpo casto y virginal; de ese modo contienes en ti a quien te contiene a ti y a los seres todos; y posees con Él el bien más seguro, en comparación con las demás posesiones, tan pasajeras de este mundo» (CtaCl 3,4).

¡Con qué fe, con qué amor, con qué humildad debió de acoger la Virgen María en su seno al Hijo de Dios! Con una audaz analogía, Clara pensaba probablemente en este misterio al recibir el cuerpo eucarístico de Cristo. De la Madre de Cristo adoptará los sentimientos y las actitudes necesarios para recibir al Señor del cielo y de la tierra.

Oración: Señor Jesús, tú me dices: «Yo soy la vida»; «el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna». En los sacramentos me has comunicado esta vida y especialmente en la Eucaristía la alimentas haciéndote mi comida. Toma mi pobre corazón; libéralo de los bienes, placeres y vanidades de la tierra, como liberaste el de santa Clara, para que pueda amarte con todo el corazón y sobre todas las cosas, porque sólo Tú eres el bien infinito y la felicidad eterna.